EMILIO CÁCERES & HIS CLUB AGUILA ORCHESTRA: Jig in G

Emilio al violín.

Cuando se habla del violín en el Jazz el nombre de Stephan Grappelli suele salir en primera instancia. A mediados de los 30, cuando el Hot Jazz estaba ya de capa caída y el Swing arrasaba con todo, el Quinteto del Hot Club de Francia con Grappelli y Django Reinhardt al frente supieron encontrar un término medio entre ambos estilos barriendo con todo a su paso y convirtiéndose en uno de los combos más influyentes del Jazz. Pero poca gente recuerda que por la misma época otro violinista cosechaba un rotundo éxito al otro lado del charco, el gran Emilio Cáceres.

Originario de San Antonio, Texas, Emilio y su hermano Ernesto (“Ernie”), nacieron en una familia de músicos y tomaron clases con varios instrumentos desde pequeños. A finales de los años 20 ya empezaban a a tocar en varios clubs pero su verdadera época de esplendor llegaría más tarde, a mediados de los 30. Por esa época los dos hermanos, con Emilio al frente, tocaban con su propia orquesta, bautizada como la Club Águila, un exitoso combo que ofrecía tanto Jazz como música norteña. Fue el sello Victor quien los contrató para unas sesiones en 1934 en las que la banda hizo gala de ambos estilos, pero fue un disco en cuestión el que hizo las delicias de aficionados y críticos. “Jig in G” se convirtió en uno de sus clásicos gracias al estupendo trabajo de Emilio al violín. Su virtuosa técnica y su increíble estilo lanzó la carrera de los dos hermanos al estrellato, una fama que aumentaría tres años después cuando en formato de trío de swing, Emilio, Ernie al clarinete y el guitarrista Johnny Gomez fueron contratados por el show radiofónico de Benny Goodman, embelesando a toda la nación con su Hot Jazz y permitiéndoles de paso una nueva sesión de grabación con Victor.

Pues bien, justamente el disco que hoy presento, es una reedición de finales de los 30 hecha por Victor que reunió dos de sus más famosos temas de esas dos sesiones. Por un lado la increíble “Jig in G”, de 1934 con orquesta, y por el otro la versión del trío swing de “Runnin’ wild” grabada en 1937, donde Ernie rivaliza con su hermano con su clarinete. Como siempre digitalizado de mi colección. espero lo disfruten.

Emilio Cáceres & His Club Águila orchestra “Jig in G” San Antonio, 4/4/1934 VICTOR 26109
Emilio Cáceres Trio “Runnin’ Wild” New York, 5/11/1937 VICTOR 26109

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BLUE SKY BOYS: Story of the Knoxville girl

Los Blue Sky Boys (Bill y Earl Bolick).

Las murder ballads, o baladas de asesinato, es un subgénero típicamente americano nacido en Europa en el que la canción narra un crimen, real o imaginario, y que fue extremadamente popular desde sus orígenes europeos hasta su evolución en América del Norte. La génesis de este tipo de canciones se puede remontar a la Era Medieval, concretamente en el norte de Europa (básicamente Inglaterra, Escocia y Escandinavia) y responde a una necesidad muy básica: Antiguamente, las canciones se utilizaban a modo de noticiario y un trovador o músico ambulante se basaba en hechos reales para informar y entretener al pueblo llano (vamos, algo así como una especie de crónica de sucesos de antaño). Este tipo de práctica ha sido muy común en todas las culturas y aún persistía en algunas partes del mundo en pleno Siglo XX, como por ejemplo en Cuba, donde el género de la Guajira servía para narrar hechos políticos a una población iletrada.

Está claro que más de un músico adornaría los hechos o incluso los tergiversaría, y que la fuente de información podría ser poco fiable, pero claro, estamos hablando de una método de tradición que fue oral durante varios siglos, por lo tanto, sujeta la creatividad de cada intérprete. No es hasta que aparece la imprenta cuando florece el negocio de las canciones impresas, algo que empieza a dar un registro más claro de este tipo de baladas. Generalmente este tipo de canciones presentaba un caso, tanto en tercera persona como en primera, en el que se narraba el origen generalmente por causas amorosas; el desarrollo o el asesinato en si (a veces con todo detalle) y un final que presentaba a menudo una doctrina o al menos el ajusticiamiento del asesino o asesina, ya fuera este a manos del verdugo o en otra vida.

Toda esta tradición cruzó hasta Estados Unidos por medio de los inmigrantes, adaptándose y transformándose para ser más adecuada a los tiempos que corrían. El caso que hoy nos ocupa es un claro ejemplo de ello. “Story of the Knoxville girl” (o simplemente “Knoxville girl”) es una murder ballad en la que se nos narra en primera persona como un tal Willie mata a su novia supuestamente tras dejarla embarazada (aunque no se comenta sí que se deja entrever una relación sexual a escondidas con ese “cada domingo por la tarde me pasaba por su casa”). Deducimos que el pánico ante el deber de casarse (“Nunca serás mi esposa”) es lo que lo conduce al atroz crimen, pero quizá lo que más sorprende es la frialdad con la que ejecuta el acto o con la que da excusas a su madre al volver a casa ensagrentado. El mismo protagonista nos narra después como los remordimientos no le dejan dormir y también cómo al día siguiente la policía viene a buscarlo para llevarlo a prisión, en el clásico desenlace de este tipo de baladas.

Ilustración para “The Bloody Miller”, 1684.

Esta versión de la canción surge de la zona de los Apalaches, pero en su verdadero origen no deja de ser una adaptación de varias otras baladas: Básicamente la irlandesa “The Wexford girl”, del S. XIX, que a su vez viene otra inglesa de la misma época: “The Oxford girl”. Aunque de hecho el origen puede ser mucho más anterior, ya que existen varios detalles que conectan a las tres (y otras más) con una balada del S.XVII llamada “The cruel Miller” o también “The bloody Miller” (en esta web hay un extenso análisis sobre el origen de la canción). La primera versión en disco de “Knoxville girl” (O sea, la versión americana del tema) fue grabada en 1925 por Arthur Tanner, y seguramente sirvió de inspiración para la versión que hoy presento y que es sin duda mi favorita, la de los Blue Sky Boys. Este estupendo dúo estaba formado por dos hermanos, Bill (mandolina) y Earl Bolick (guitarra) oriundos de Hickory, Carolina del Norte, quienes fueron contratados por RCA por 1935 tras un inesperado éxito radiofónico. Lo maravilloso de sus temas no es sólo la gran calidad de su ejecución a los instrumentos, sino ante todo sus angelicales voces, capaces de convertir un sencillo tema en una obra maestra, que es justamente lo que sucede en este caso.

Este tema fue lo primero que escuché de ellos hace años y resultó todo un shock para mi. Hay muchas versiones del tema, casi todas buenas, pero no creo que ninguna supere esta, y eso se debe sobretodo a las voces de los Bolick. El increíble contraste creado entre la crueldad de lo que se narra y las dulces voces que lo narran es su gran atractivo, convirtiendo la canción en algo tan terrible como hermoso y en una de las mejores baladas de asesinato de la historia. Me resulta imposible no estremecerme con la frialdad con la que el asesino protagonista hace caso omiso de las súplicas de su amada (“No dijo nada más, tan sólo la golpeé de nuevo/hasta que la tierra a mi alrededor con su sangre se cubrió”) cantado por los hermanos casi como si de una canción de cuna se tratara.

En fin, creo que no vale la pena alargarse más. Os dejo con esta terrible maravilla. Vale la pena leer la letra que encontrarán aquí. Como siempre, digitalizado de mi colección. Espero lo difruten.

Blue Sky Boys “Story of the Knoxville girl” Bluebird B-7755 Charlotte, 2/8/1937

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SEXTETO MACHÍN: Reina Guajira

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El Cuarteto Machín.

En 1931 la orquesta de Don Azpiazu conseguía un hito en la historia de la música cubana convirtiéndose en el primer grupo en vender más de 1 millón de copias gracias a su canción “El manisero” (“The peanut vendor”). Entre la orquesta figuraba un cantante que con su cuarteto estaba destinado a convertirse en una de las figuras clave en el desarrollo y éxito de la música cubana a nivel mundial, el  genial Antonio Machín.

Aquí en España se recuerda al bueno de Machín como el famoso cantante que amenizó los años de la dictadura franquista con sus delicados boleros, sobretodo gracias al enorme éxito de su “Angelitos negros”. Pero para cuando Machín se instala a vivir en España ya llegaba rodeado de un aura de leyenda, y eso fue sobretodo al enorme éxito anterior de su cuarteto. De hecho me atrevo a decir que a partir de su estancia en España su carrera, a pesar de que goza de un éxito considerable, baja en calidad artística. Sus grabaciones de esa segunda época son entrañables, pero acarameladas en comparación con todo lo que había grabado durante los años 30, con un sonido mucho más crudo y auténtico. Básicamente más fiel a la música cubana.

Nacido en Sagua La Grande, Cuba en 1903, en una familia de 15 hermanos, hijos de un emigrante español y una mujer cubana, Antonio desarrolla su pasión por el canto desde joven, aunque su primera intención fue decantarse por la ópera y el belcanto. Empieza a cantar en varios grupos hasta que en 1926 se traslada a la Habana, donde intenta ganarse la vida como cantante, aunque sin mucho éxito, por lo que acaba trabajando de albañil. Pero es su capataz, un sevillano con quien entraba amistad, quien le introduce en el mundo del espectáculo nocturno de la Habana y quien le acaba presentando al guitarrista Miguel Zaballa, con quien une fuerzas formando un dúo. Al poco tiempo conoce casualmente a Don Azpiazu, quien encadilado con su voz, le contrata para su orquesta, con la que empieza a conocer el éxito. En poco tiempo están grabando en New York.

La estatua de Machín en Sevilla

Fue justamente en New York donde al poco tiempo Machín formaba su propio cuarteto junto a tres miembros más de la orquesta de Azpiazu: Remberto Lara (trompeta), Yayito Maldonado (tres) y Daniel Sánchez (guitarra y voz). Casi al mismo tiempo Victor también los graba, y como bien dice Díaz Ayala en su discografía cubana: “Si Azpiazu era un éxito entre los gringos, Machín no lo fue menos entre los hispanoamericanos”. El éxito del cuarteto es muy grande tanto en toda América Latina como en Europa, llevando el nombre de Machín a lo más alto con más de 150 grabaciones entre 1930 y 1935. Siguiendo en cierta manera la estela del Trío Matamoros, ensalzando las melodías vocales y simplificando el ritmo, el Cuarteto Machín fueron uno de los combos cubanos más importantes hasta su separación, que se fragua cuando su líder se lanza en solitario realizando una gira Europea, para luego afincarse en París a partir de 1935 y en España a partir de 1939 (“siempre soñé con la tierra de mi padre”). Es en España donde vive hasta el día de su muerte, el 4 de agosto de 1977. Si bien muere en Madrid sus restos se encuentran en su adorada Sevilla, donde hoy en día se erige una estatua en su honor.

Despidámonos pues, en su honor, con una grabación no de su cuarteto, sino de su Sexteto. Para cuando graba con Brunswick en La Habana en 1930, Machín añade más miembros al grupo -supongo que para imitar el sonido de exitosas bandas como el Sexteto Habanero o el Nacional– en una serie de grabaciones que por lo visto deben ser de las más difíciles de encontrar de entre su discografía. En mi caso dispongo de varios de sus Victor en mi poder pero tan sólo este Brunswick, que para colmo contiene uno de mis temas favoritos de su carrera, el imponente “Reina Guajira” que hoy presentamos. Un tema que, si bien es más un Son que una Guajira propiamente dicha, sirve de homenaje a ese estilo cubano iniciado en el S. XIX. Espero que lo disfruten tanto como yo. Digitalizado de mi colección.

Sexteto Machín “Reina Guajira” Brunswick 41118 La Habana, 18 junio 1930

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JELLY ROLL MORTON’S RED HOT PEPPERS: Doctor Jazz Stomp

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Morton dando lecciones a los Red Hot Peppers. 1926.

El soberbio Webster Hotel de Chicago se construyó en 1919 en una de las zonas residenciales más  valoradas de la ciudad, justo al lado del parque Lincoln. Su sencilla pero elegante estructura de 14 pisos sigue hoy en pie, y aunque ha sido reconvertido en un conjunto de apartamentos lo que era su antigua sala de baile ha permanecido (según he leído creo que transformada en un restaurante). Fue allí donde el gran Jelly Roll Morton grabó sus clásicas sesiones para Victor en 1926, acompañado por sus Red Hot Peppers, unas sesiones que dieron de sí las que son sin duda alguna las mejores grabaciones de este genio del Jazz.

Hace poco más de un año os presentaba su “Black Bottom Stomp”, una de sus grandes obras maestras grabada en septiembre de 1926 en el Webster, pero como uno nunca tiene suficiente con Morton no he podido reprimirme y he optado por presentar otra de sus joyas. Grabada en la segunda sesión realizada en el Webster en diciembre de 1926, no es más que la sensacional y estupenda “Doctor Jazz”, de la que puedo assegurar que es uno de mis temas favoritos de la historia del Jazz.

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El gran Omer Simeon.

La canción fue compuesta por King Joe Oliver ese mismo año, y como bien se ha comentado, es el ejemplo perfecto del sonido hot de New Orleans. Su ritmo es preciso y contagioso, lleno de vitalidad gracias a una banda perfecta con tres estrellas a los vientos que brillan por sí solas (aparte de Morton al piano y las voces): George Mitchell a la corneta, Kid Ory al trombón y Omer Simeon al clarinete. La corneta de Mitchell es esplondorosa  y estridente, destacando principalmente durante ese atronador riff inicial. El trombón de Ory crea un contrapunto perfecto por debajo suyo, mientras que el clariente de Simeon nos ofrece uno de los solos más originales de la historia del Jazz. Tras pasar el riff, Mitchell enmudece dándole paso, mientras Ory lleva el ritmo, pero Simeon nos sorprende con una sóla nota que se mantiene durante unos compases, casi como si se hubiera quedado estancado hasta que la batería lo despierta con los platillos. Un truco estupendo, brillante, que repite luego como si nada antes de que Morton abandone el piano y se lance a cantar esa maravillosa entrada: “Oh, hello central give me doctor Jazz!”

Otro de los aspectos interesantes es el hecho de que Morton cante, y además lo haga tan bien. Él siempre argumentó que no tenía buena voz, pero está claro que sabía utilizarla perfectamente, y su aportación en este terreno al tema es legendaria. En fin, podría alargarme mucho más en relación al tema, pero es preferible que cada uno saque sus propias conclusiones. Si ya lo conocéis nunca está de más volverlo a escuchar, y si no, espero que os cause tanta impresión como lo hizo en mi. Como siempre digitalizado de mi colección (Nota: En la otra cara el disco contiene otra joya, el “Memphis shake” de los Dixieland Jug Blowers, pero dejaremos esa cara para otra ocasión). Espero lo disfruten.

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Jelly Roll Morton’s Red Hot Peppers. 1926

 doctor-jazzJelly Roll Morton’s Red Hot Peppers “Doctor Jazz-Stomp” Chicago, 16 diciembre 1926. VICTOR 20415

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SOL HOOPII & ANDY IONA: Hano Hano Hawaii

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Sol Hoopii y su Novelty Trio hacia 1928.

Cuando Sol Hoopii (de quien ya hablamos en la primera parte de Maestros de la guitarra hawaiiana) graba con la banda de su compatriota Andy Iona en 1928 su nivel de popularidad estaba en lo más alto. Su estilo a la guitarra lo había convertido en uno de los músicos hawaiianos más famosos del momento hasta el punto que incluso la compañía de guitarras National lo utilizaba para ilustrar sus anuncios. Pero curiosamente, en vez de estancarse y continuar haciendo versiones de temas populares del Jazz, ese mismo año empieza a grabar una serie de estupendos discos con cantos hawaiianos, como si reivindicara sus propios orígenes, una serie de discos que seguirían hasta bien entrados los años 30 cuando el trío se convierte en cuarteto (poco más tarde quinteto) grabando para la casa Brunswick.

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Andy Iona

La verdad es que ignoro cómo se gestaron las sesiones para Columbia con Andy Iona. Quizá fuera idea de ambos músicos o, quizá (más bien seguramente) la compañía decidiera unir a dos de sus más exitosos hawaiianos en un gran ardid publicitario. Sea como sea, acertaron de lleno. Iona, principalmente saxofonista (aunque también se defendía con la steel guitar) era el líder de su propia banda en la que mezclaba la música hawaiiana con el Jazz, y en la que destacaba su particular uso de los saxofones a la hora de reinterpretar la música de sus raíces. Uno de los hawaiianos más famosos de su época, su carrera como músico y compositor estuvo llena de éxitos hasta los años 40, cuando se dejó encandilar por los ritmos del swing y triunfó con su hit “Hawaiian war chant” (versioneado por infinidad de bandas en la época).

La primera sesión que unió a estos dos hombres se celebró en Los Angeles (donde ambos residían) en enero de 1928, repitiendo de nuevo en abril del mismo año. Para la ocasión participaron un total de 6 músicos, el trío completo de Hoopii acompañado por un trío de saxofones con Iona al mando. El resultado dio de sí algunos temas que, no tan sólo se cuentan entre lo mejor de la discografía de ambos sino de entre los mejor de la música hawaiiana de la década. Como ejemplo hoy presento mi tema favorito de esas sesiones, el precioso “Hano Hano Hawaii”, un popular tema hawaiiano reinterpretado brillantemente por ambos combos, en el que reina una melancolíca melodía apoyada por la preciosa guitarra de Hoopii y arropada por los sensuales saxofones de Iona. Así que relájense y déjense llevar por la magia y la fantasía de la mano de esots genios. Como siempre, digitalizado de mi colección (de una copia casi nueva, dicho sea de paso).

hoopii-ionaSol Hoopii’s Novelty Trio with Andrew Iona’s Saxophone Trio “Hano Hano Hawaii”Los Angeles 16 abril 1928 Columbia  1370-D

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EL RITMO DE LAS ANTILLAS III: Orchestre de la Boule Blanche

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Gisèle en la Boule Blanche. 1932. Fotografía de Brassaï.

La Boule Blanche abrió sus puertas en el número 33 de la rue Vavin de Montparnasse en 1931, justo en el momento en que París vivía una auténtica locura por la música de las Antillas. Todo esto se debía a la famosa Exposición Colonial celebrada entre mayo y noviembre de ese mismo año (Ver la primera entrada sobre las antillas) y que desató la fiebre del biguine con varios clubs abriendo en Montparnasse y Montmartre. Ernest Leardee recordaba en su autobiografía como en los meses siguientes tras la exposición coches y autobuses de turistas abarrotaban la rue Blomet para entrar en el local en el que él actuaba con su banda, ansiosos por intoxicarse con unas copas y con la música, en un ambiente totalmente integrado, ya que, al contrario que en otras ciudades europeas o americanas, en estos clubs era muy común ver a parejas de distinta raza bailar juntos.

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Robert Charlery

Se abren salas como la de la Rue Blomet, la Cabane Cubaine o la que hoy protagoniza esta entrada, creando un efecto de llamada para muchos músicos de Guadalupe o Martinica para llenarlas de música. Con su inauguración, la Boule Blanche presenta a una de las orquestas más potentes del momento. Ahí están el estupendo clarinetista Eugene Delouche, recién llegado a Francia por petición de Alexandre Stellio (de él ya hablamos en la primera entrada sobre las Antillas) para reemplazarle en el club, el gran Robert Charlery al banjo, Robert Roch al bajo, la pianista Finotte Attuly, Maurice Banguio a la batería y la que quizá sea la cantante de biguines más importante, Leona Gabriel, quien ya había grabado algunos discos con Stellio. Fue esta misma formación quien en 1931 grabaría para la  Columbia francesa uno de los mejores temas biguine de la época y todo un pequeño clásico, el célebre “Maladie d’amour”.

La canción sigue siendo muy conocida hoy en día en Francia gracias a la versión que Henri Salvador realizó en 1948, una versión que, dicho sea de paso, generó cierta polémica ya que Salvador la registró a su nombre provocando que Leona Gabriel lo denunciara a la Sociedad de Autores presentándose como la autora original. La verdad es diferente, ya que se trata de un tema típico de la Martinica seguramente creado para los Carnavales. El mismo Ernest Leardee recordaba haberla escuchado de joven en la Martinica.

En fin, aquí os dejo con este estupendo tema con una banda brillante, perfectamente ejecutado por cada uno de sus miembros y con un perfecto equilibrio de melodía y ritmo. Digitalizado de mi colección. Espero lo disfruten.

maladie-damourOrchestre de la Boule Blanche “Maladie d’Amour” París 1931. Columbia DF 428

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JIM JACKSON: My monday woman

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Jim Jackson

Jim Jackson fue un estupendo músico especializado en diferentes estilos, y si bien se le conoce por su faceta de bluesman, quizá el término songster le encaje mucho mejor. El songster era básicamente un músico ambulante, aparecido a finales del S. XIX en Estados Unidos, y que era capaz de tocar todo tipo de estilos, más que nada debido a la necesidad de ganarse el pan cada día. De hecho, al contrario de lo que nos han explicado, muchos de los más famosos músicos de Blues no eran más que eso, y el Blues simplemente otra faceta más dentro de su amplio repertorio. Con el éxito comercial del Blues gracias sobretodo a Blind Lemon Jefferson, las compañías discográficas contrataron a muchos de ellos para grabar únicamente ese estilo, a pesar de que podían haber grabado cualquier otro.

Jackson, nacido a finales del S.XIX (los años varían desde 1876 hasta 1884) en Hernando, Mississippi, aprendió la guitarra de su padre y ya de joven, hacia 1905, formaba parte de los medicine shows de la zona (espectáculos ambulantes en los que se vendía supuestas medicinas milagrosas y que se amenizaban con música popular). Hacia 1920 se establece  en Memphis donde sigue con los espectáculos ambulantes y tocando en fiestas y locales, ampliando cada vez más su abultado repertorio lleno de diferentes estilos.

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Jackson con King Vidor. 1929. Fuente: Wikipedia

Su vida siguió así hasta 1927, cuando grabó su primera sesión para el sello Vocalion. Los jefes de la compañía vieron de repente como su “Kansas City Blues” se convertía en uno de los discos más exitosos del momento (dicen que uno de los primero es vender más de un millón de copias). Así que Jackson siguió grabando a los largo de los últimos años de la década, e incluso su popularidad le llevó a aparecer en el film “Hallelujah” de King Vidor, pero con la llegada de 1930 su estrella se vino abajo. Jackson volvió a lo suyo, estableciéndose de nuevo en su población natal y actuando en más medicine shows y locales. Moría en 1937.

Los temas que hoy presento son de sus sesiones de 1928 con el sello Victor, “My monday woman blues” y “My mobile central blues”. En estos se puede tener una idea exacta del estilo de Jackson. Se trata de dos Blues en los que destaca sus divertidas letras, su potente voz y su uso rítmico de la guitarra. Al contrario que otros, Jackson no destacó a las seis cuerdas como un gran solista, aunque está claro que podía defenderse estupendamente con un elegante ritmo y su fingerpickin’. Digitalizado de mi colección. Espero que lo disfruten.

jimjackson1Jim Jackson “My monday woman blues” Memphis 30/1/1928 Victor 21236
jimjackson2-copiaJim Jackson “My mobile central blues” Memphis 2/2/1928 Victor 21236

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