BOBBY LEECAN & ROBERT COCKSEY – Don’t you let your head hang down

Hoy la entrada será más corta de lo acostumbrado, pero no por eso peor, ya que contamos con nada más y nada menos que los fantásticos Bobby Leecan y Robert Cooksey. Este modesto dúo de Blues/Ragtime realizó unas estupendas sesiones para el sello Victor entre 1926 y 1927 que con el tiempo se han convertido en discos realmente codiciados para los coleccionistas. El dúo se supone que se formó en Philadelphia, ciudad natal del genial Bobby Leecan. A lo largo de su carrera, este increíble guitarrista estuvo al servicio de varios combos, gracias a su asombrosa versatilidad a la hora de mezclar géneros, como por ejemplo las grabaciones que realizó junto Fats Waller y Thomas Morris, las que hizo con la Dixie Jazzers Washboard Band o acompañando a cantantes como Helen Baxter o Elizabeth Smith.

Leecan, nacido en 1897 se unió a Robert Cooksey, nacido en 1893, seguramente en Philadelphia, como bien han argumentado varios estudiosos, formando parte de la escena musical de la ciudad y alrededores. Cooksey ya había cedido su harmónica en 1925 por primera vez para el sello Okeh, acompañando a la cantante Sara Martin (aunque es probable que ya grabara el año anterior para Vocalion junto a Viola McCoy), pero el estreno de ambos músicos juntos no fue hasta 1926, cuando en New York graban su primera sesión para Victor. A partir de ahí varias sesiones siguen con varios combos, hasta que al año siguiente los dos vuelven a grabar solos en New Jersey. Por desgracia ambos murieron en los años 30 y y se sabe más bien poco de ambos. Pero por fortuna, aunque su carrera fue corta resultó bastante fructífera.

Pues bien, es de esta segunda sesión con Victor en 1927 que hoy rescato un par de temas. En ambos se puede comprobar el increíble toque a la guitarra de Leecan (y al kazoo!), tanto como solista como acompañando a la estridente harmónica de Cooksey. Son grabaciones que se mueven a medio camino entre el Blues y el Ragtime y que pueden resultar adictivas a la primera escucha. De hecho conseguí este disco hace poco y ya estoy deseando conseguir más de este dúo. Como siempre, digitalizado de mi colección. Espero que lo disfruten.

Bobby Leecan and Robert Cooksey “Don’t you let your head hang down” Camden, New Jersey, 24/5/1927 VICTOR 20768

Bobby Leecan and Robert Cooksey “Blue Harmonica” Camden, New Jersey, 24/5/1927 VICTOR 20768

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JIM AND BOB: Los geniales hawaianos

Jim and Bob.

Jim and Bob fueron uno de los dúos más impresionantes de la música hawaiiana grabada en los años 30, gracias sobretodo a la soberbia labor a la guitarra steel de Bob Kealoha Pauole, pero como suele pasar, se sabe realmente poco sobre ellos. Algunos coleccionistas han ido desenterrando un poco de valiosa información en los últimos años, e incluso han aparecido algunas fotos inéditas, pero la información sigue siendo escasa para un dúo que saboreó las mieles del éxito entre finales de los años 20 e inicios de los 30 gracias a la radio.

Sabemos que Jim Holstein Nace en Honolulu el 11 de octubre de 1899 y que Bob nace en Kauai el 21 de julio de 1906, pero la primera noticia que se tiene de ellos es a través de ese medio que tanto daño hizo a la industria musical. En 1928, la cadena de radio WENR les contrata para un show radiofónico y eso les abre las puertas del mundo del espectáculo. Jim y Bob ofrecen allí un amplio repertorio de canciones que van desde la música pop, la hawaiana, el Blues o el Jazz, pero a pesar del su éxito y reconocimiento no es hasta 1933 que el sello Victor los contrata para una sesión de grabación. ¿Por qué tan tarde? ¿Por qué una única sesión? La verdad, nadie parece tener una razón, pero lo importante es que gracias a ello, ahora, más de 80 años después, podemos disfrutar su música.

Esa única sesión se celebró en un sólo día, el 12 de diciembre de 1933, en Chicago, y resultó realmente curiosa. Por un lado, Jim y Bob grabaron nada más que 12 temás de un sólo día, algo ya por sí solo loable, pero encima y para colmo de la perfección, no parece que hicieran más de una toma por cada tema, ya que no se tiene registro de ninguna toma alternativa. Eso sí que es realmente raro, ya que todos los sellos realizaban al menos dos tomas de cada tema por precaución (algunas de las tomas no editadas eran lanzadas luego por otros sellos), pero curiosamente no fue este el caso. Victor no acabó sacando los discos sino que fueron editados una años después (o hasta dos) por su sello subsidiario Bluebird (quien los bautizó como The Genial Hawaiians), para luego ser posteriormente editados en Montgomery Ward y Victor Japonés. 12 temas, 6 discos: Eso es todo lo que Jim y Bob dieron de sí en pizarra.

No tengo las cifras de ventas, pero imagino que no fueron muchas, ya que sus discos son de entre los más buscados entre los fans del género (no quiero ni decir lo que he tenido que pagar por alguno). El que hoy os presento es, de hecho, uno de los más raros de los 6, el Bluebird B-5944, que en su cara B incluye el único tema en el que Bob dejó aparte su guitarra hawaiana y ejecutó uno de los solos de ukelele más impresionantes jamás grabados. Más adelante puede que comparta alguna de sus otras joyas, pero he creído conveniente escoger uno de sus temas más oscuros, aunque también de mis favoritos; Nada más y nada menos que una frenética versión en ukelele del clásico del Jazz “Sweet Georgia Brown” llena de maestría y de una técnica impresionante. Espero y creo, que después de oírla, cualquiera verá al pequeño instrumento de otra manera.  Como siempre, digitalizado de mi colección. Espero que lo disfruten.

Jim and Bob “Sweet Georgia Brown” Bluebird B-5944. Chicago, 12/12/1933

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WASHBOARD RHYTHM BOYS Tiger Rag

Los Washboard Rythm Boys.

Hace ya un buen tiempo, allá por los incios de este blog, compartí la que puede que sea mi versión favorita del clásico “Tiger Rag”, a cargo de la orquesta de Charles Dornberger (Ver aquí la entrada). Hoy vuelvo a ese mismo tema, uno de los grandes standards del Jazz en la que considero otra de sus grandes versiones (y a la que adoro casi tanto como la de Dornberger) a cargo de una estupenda banda de estudio que grabó a lo largo de los años de la Gran Depresión, los impresionantes Washboard Rhythm Boys.

El caso de esta banda es curioso pero también muy común hacia los años 20 y 30, ya que no se trataba de una banda propiamente dicha sino que era el conjunto de varios músicos  que fueron cambiando a lo largo los años y que sólamente se juntaban para grabar. Entre 1930 y 1935 grabaron para diferentes sellos incluyendo Vocalion, Victor o Columbia, bajo nombres como Washboard Rhythm Kings, Alabama Washboard Stompers o Georgia Washboard Stompers, convirtiéndose en uno de los últimos grandes combos del Hot Jazz en los años 30. Ya fuera bajo cualquiera de sus encarnaciones, nunca existieron fuera de los estudios de grabación, y algunos de los músicos que participaron en el combo (a pesar del éxito de algunos de sus discos) apenas eran conocidos.  Músicos como el guitarrista Teddy Bunn, Bruce Johnson, Ghost Howell, Taft Jordan o Bennie Smith.

Pero esta estupenda versión de “Tiger Rag” demuestra que a pesar de ser unos desconocidos eran músicos excelentes. Grabada en julio de 1932 fue toda una sensación gracias a su frenético ritmo y su incendiaria interpretación de un tema grabado en abundancia desde finales de los años 10. Incluye washboard, contrabajo, sección de vientos, una estupenda voz (¡Estrangúlalo! ¡Empújalo! ¡Golpéalo! ¡Fúmatelo!) y gritos a montones. Toda una locura que muchos consideran como una de las influencias del posterior género del Rock And Roll.

Como siempre digitalizado de mi colección (¡Edición española en Voz de Su Amo laminado!). Abróchense los cinturones y que lo disfruten.

Washboard Rhythm Boys “Tiger Rag” Camden, New Jersey 6/7/1932 LA VOZ DE SU AMO AE 4227 OrigInalmente VICTOR 24059

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CLEOMA BREAUX & JOSEPH FALCON: Le vieux soulard et sa femme

Cléoma y Joseph en una foto promocional hecha durante su primera sesión con Columbia.

El disco que hoy presento es realmente especial para mí. Lo conseguí hace poco en un intercambio con un amigo coleccionista y no sólo es uno de esos discos verdaderamente raros sino que es de mis favoritos del género Cajun. Contiene un increíble tema grabado en 1928 que descubrí hace años  (hablé ya de este tema hace tiempo en una de mis primeras entradas) y que nunca me he cansado de escuchar desde entonces, así que imaginad la alegría de por fin tener una copia en mis manos. Los responsables fueron un dúo formado por un matrimonio: El acordeonista Joseph Falcon y la guitarrista y cantante Cléoma Breaux.

El término Cajun se refiere a un grupo étnico residente principalmente en el estado norteamericano de Louisiana. Descendiente de los Acadios (habitantes de Acadia, en Canadá) a su vez de origen francés, este grupo se asentó en el sur de Estados Unidos y otras zonas de influencia francesa hacia mediados del S. XVIII, trayendo su particular cultura y lenguaje, con una gran parte de francés mezclado con inglés, español e incluso lenguaje de los nativos americanos. Su música, orientada hacia el baile, con el acordeón y el violín como principales instrumentos, se nutría del vals y el two step en sus inicios, aunque más tarde empezó a adaptar otros estilos, como el Country o el Blues, músicas a las que al mismo tiempo influenció.

La que es sin duda la voz más importante del Cajun como estilo musical, Cléoma Breaux, nació en Crowley el 26 de mayo de 1906. Hija de un acordeonista, la música formó parte de su vida y de la de sus hermanos desde pequeña, y tras sufrir el abandono de su padre en 1917 todo el clan se ve forzado a tocar para subsistir. Después de un primer matrimonio fallido conoce a Joseph Falcon hacia mediados de los años 20, con quien forma un dúo y al poco tiempo empieza una relación sentimental que acabará en matrimonio en 1931. Falcon, nacido el 28 de setiembre de 1900, tenía un bagaje similar al de su mujer, y nutría con su música los fais-do-do (fiestas de música Cajun) de diferentes locales de Louisiana. Esto no deja de ser algo sorprendente para su época, ya que por entonces, en el malsano e incluso violento mundo de los locales de Cajun, no era nada común ni bien visto que una mujer formara parte del espectáculo. Pero parece ser que a pesar de su apariencia delicada y su pequeña figura, Cléoma era una mujer capaz de moverese fácilmente en ese rudo mundo de hombres.

Es al poco tiempo que, ambos, tras ganarse el favor del público y junto a un amigo violinista llamado Leon Meche, fueron contratados por Columbia para una sesión de grabación en New Orleans en abril de 1928, pero una vez allí Meche se echó atrás, por lo que Falcon tomó las riendas y acabó cantando. Esa primera sesión dio de si el primer tema Cajun jamás grabado en la historia, “Lafayette”, que contra todo pronóstico se convirtió en un éxito, lo cual convenció a Columbia para preparar una nueva sesión, esta vez en New York en agosto del mismo año, y es ahí donde por fin escuchamos la preciosa y cautivadora voz de Cléoma. Su primera sesión es impresionante, pero es cuando nuestra heroína toma las riendas de la voz que el dúo se convierte en algo muy especial. Su voz es delicada y angelical pero al mismo tiempo llena de tristeza y sentimiento, y convierte sus grabaciones en unas de las más preciosas jamás hechas en los años 20 y 30.

Este impresionante dúo grabó varios temas hasta 1929, pero con la llegada de la Depresión americana, como les sucedió a muchos otros, deja de grabar, y no es hasta 1934 que dan de sí sus últimos temas esta vez para el sello Decca. Pero el éxito ya no volvió a sonreírles y para colmo en 1938 Cléoma sufre un accidente de coche cuyas secuelas le provocaron la muerte en 1941 con apenas 34 años. Falcon seguiría adelante con su carrera hasta su muerte en 1965.

Pero pasemos ya a la música, que es lo que verdaderamente importa. El tema que hoy presentamos se llama “Le vieux soulard et sa femme” (El viejo borracho y su mujer), y es un tema folk de corte humorístico, en el que Cléoma pregunta cantando a su marido (“Tú que será mi muerte”) mientras Falcon, en la piel del borracho, le contesta con respuestas nada elegantes. Es un tema divertido pero al mismo tiempo lleno de sentimiento, gracias, cómo no, a la increíble voz de Cléoma y al estupendo acordeón de Falcon. Como extra la otra cara, un tema instrumental llamado “Fe fe ponchaux”. Espero que lo disfruten. Yo seguro que sí. Digitalizado de mi colección.

 Cleóma Breaux & Joseph Falcon “Le vieux soulard et sa femme” Columbia 15301 New York 27/8/1928
Cleóma Breaux & Joseph Falcon “Fe fe ponchaux” Columbia 15301 New York 27/8/1928

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EMILIO CÁCERES & HIS CLUB AGUILA ORCHESTRA: Jig in G

Emilio al violín.

Cuando se habla del violín en el Jazz el nombre de Stephan Grappelli suele salir en primera instancia. A mediados de los 30, cuando el Hot Jazz estaba ya de capa caída y el Swing arrasaba con todo, el Quinteto del Hot Club de Francia con Grappelli y Django Reinhardt al frente supieron encontrar un término medio entre ambos estilos barriendo con todo a su paso y convirtiéndose en uno de los combos más influyentes del Jazz. Pero poca gente recuerda que por la misma época otro violinista cosechaba un rotundo éxito al otro lado del charco, el gran Emilio Cáceres.

Originario de San Antonio, Texas, Emilio y su hermano Ernesto (“Ernie”), nacieron en una familia de músicos y tomaron clases con varios instrumentos desde pequeños. A finales de los años 20 ya empezaban a a tocar en varios clubs pero su verdadera época de esplendor llegaría más tarde, a mediados de los 30. Por esa época los dos hermanos, con Emilio al frente, tocaban con su propia orquesta, bautizada como la Club Águila, un exitoso combo que ofrecía tanto Jazz como música norteña. Fue el sello Victor quien los contrató para unas sesiones en 1934 en las que la banda hizo gala de ambos estilos, pero fue un disco en cuestión el que hizo las delicias de aficionados y críticos. “Jig in G” se convirtió en uno de sus clásicos gracias al estupendo trabajo de Emilio al violín. Su virtuosa técnica y su increíble estilo lanzó la carrera de los dos hermanos al estrellato, una fama que aumentaría tres años después cuando en formato de trío de swing, Emilio, Ernie al clarinete y el guitarrista Johnny Gomez fueron contratados por el show radiofónico de Benny Goodman, embelesando a toda la nación con su Hot Jazz y permitiéndoles de paso una nueva sesión de grabación con Victor.

Pues bien, justamente el disco que hoy presento, es una reedición de finales de los 30 hecha por Victor que reunió dos de sus más famosos temas de esas dos sesiones. Por un lado la increíble “Jig in G”, de 1934 con orquesta, y por el otro la versión del trío swing de “Runnin’ wild” grabada en 1937, donde Ernie rivaliza con su hermano con su clarinete. Como siempre digitalizado de mi colección. espero lo disfruten.

Emilio Cáceres & His Club Águila orchestra “Jig in G” San Antonio, 4/4/1934 VICTOR 26109
Emilio Cáceres Trio “Runnin’ Wild” New York, 5/11/1937 VICTOR 26109

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BLUE SKY BOYS: Story of the Knoxville girl

Los Blue Sky Boys (Bill y Earl Bolick).

Las murder ballads, o baladas de asesinato, es un subgénero típicamente americano nacido en Europa en el que la canción narra un crimen, real o imaginario, y que fue extremadamente popular desde sus orígenes europeos hasta su evolución en América del Norte. La génesis de este tipo de canciones se puede remontar a la Era Medieval, concretamente en el norte de Europa (básicamente Inglaterra, Escocia y Escandinavia) y responde a una necesidad muy básica: Antiguamente, las canciones se utilizaban a modo de noticiario y un trovador o músico ambulante se basaba en hechos reales para informar y entretener al pueblo llano (vamos, algo así como una especie de crónica de sucesos de antaño). Este tipo de práctica ha sido muy común en todas las culturas y aún persistía en algunas partes del mundo en pleno Siglo XX, como por ejemplo en Cuba, donde el género de la Guajira servía para narrar hechos políticos a una población iletrada.

Está claro que más de un músico adornaría los hechos o incluso los tergiversaría, y que la fuente de información podría ser poco fiable, pero claro, estamos hablando de una método de tradición que fue oral durante varios siglos, por lo tanto, sujeta la creatividad de cada intérprete. No es hasta que aparece la imprenta cuando florece el negocio de las canciones impresas, algo que empieza a dar un registro más claro de este tipo de baladas. Generalmente este tipo de canciones presentaba un caso, tanto en tercera persona como en primera, en el que se narraba el origen generalmente por causas amorosas; el desarrollo o el asesinato en si (a veces con todo detalle) y un final que presentaba a menudo una doctrina o al menos el ajusticiamiento del asesino o asesina, ya fuera este a manos del verdugo o en otra vida.

Toda esta tradición cruzó hasta Estados Unidos por medio de los inmigrantes, adaptándose y transformándose para ser más adecuada a los tiempos que corrían. El caso que hoy nos ocupa es un claro ejemplo de ello. “Story of the Knoxville girl” (o simplemente “Knoxville girl”) es una murder ballad en la que se nos narra en primera persona como un tal Willie mata a su novia supuestamente tras dejarla embarazada (aunque no se comenta sí que se deja entrever una relación sexual a escondidas con ese “cada domingo por la tarde me pasaba por su casa”). Deducimos que el pánico ante el deber de casarse (“Nunca serás mi esposa”) es lo que lo conduce al atroz crimen, pero quizá lo que más sorprende es la frialdad con la que ejecuta el acto o con la que da excusas a su madre al volver a casa ensagrentado. El mismo protagonista nos narra después como los remordimientos no le dejan dormir y también cómo al día siguiente la policía viene a buscarlo para llevarlo a prisión, en el clásico desenlace de este tipo de baladas.

Ilustración para “The Bloody Miller”, 1684.

Esta versión de la canción surge de la zona de los Apalaches, pero en su verdadero origen no deja de ser una adaptación de varias otras baladas: Básicamente la irlandesa “The Wexford girl”, del S. XIX, que a su vez viene otra inglesa de la misma época: “The Oxford girl”. Aunque de hecho el origen puede ser mucho más anterior, ya que existen varios detalles que conectan a las tres (y otras más) con una balada del S.XVII llamada “The cruel Miller” o también “The bloody Miller” (en esta web hay un extenso análisis sobre el origen de la canción). La primera versión en disco de “Knoxville girl” (O sea, la versión americana del tema) fue grabada en 1925 por Arthur Tanner, y seguramente sirvió de inspiración para la versión que hoy presento y que es sin duda mi favorita, la de los Blue Sky Boys. Este estupendo dúo estaba formado por dos hermanos, Bill (mandolina) y Earl Bolick (guitarra) oriundos de Hickory, Carolina del Norte, quienes fueron contratados por RCA por 1935 tras un inesperado éxito radiofónico. Lo maravilloso de sus temas no es sólo la gran calidad de su ejecución a los instrumentos, sino ante todo sus angelicales voces, capaces de convertir un sencillo tema en una obra maestra, que es justamente lo que sucede en este caso.

Este tema fue lo primero que escuché de ellos hace años y resultó todo un shock para mi. Hay muchas versiones del tema, casi todas buenas, pero no creo que ninguna supere esta, y eso se debe sobretodo a las voces de los Bolick. El increíble contraste creado entre la crueldad de lo que se narra y las dulces voces que lo narran es su gran atractivo, convirtiendo la canción en algo tan terrible como hermoso y en una de las mejores baladas de asesinato de la historia. Me resulta imposible no estremecerme con la frialdad con la que el asesino protagonista hace caso omiso de las súplicas de su amada (“No dijo nada más, tan sólo la golpeé de nuevo/hasta que la tierra a mi alrededor con su sangre se cubrió”) cantado por los hermanos casi como si de una canción de cuna se tratara.

En fin, creo que no vale la pena alargarse más. Os dejo con esta terrible maravilla. Vale la pena leer la letra que encontrarán aquí. Como siempre, digitalizado de mi colección. Espero lo difruten.

Blue Sky Boys “Story of the Knoxville girl” Bluebird B-7755 Charlotte, 2/8/1937

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SEXTETO MACHÍN: Reina Guajira

cuarteto-machin

El Cuarteto Machín.

En 1931 la orquesta de Don Azpiazu conseguía un hito en la historia de la música cubana convirtiéndose en el primer grupo en vender más de 1 millón de copias gracias a su canción “El manisero” (“The peanut vendor”). Entre la orquesta figuraba un cantante que con su cuarteto estaba destinado a convertirse en una de las figuras clave en el desarrollo y éxito de la música cubana a nivel mundial, el  genial Antonio Machín.

Aquí en España se recuerda al bueno de Machín como el famoso cantante que amenizó los años de la dictadura franquista con sus delicados boleros, sobretodo gracias al enorme éxito de su “Angelitos negros”. Pero para cuando Machín se instala a vivir en España ya llegaba rodeado de un aura de leyenda, y eso fue sobretodo al enorme éxito anterior de su cuarteto. De hecho me atrevo a decir que a partir de su estancia en España su carrera, a pesar de que goza de un éxito considerable, baja en calidad artística. Sus grabaciones de esa segunda época son entrañables, pero acarameladas en comparación con todo lo que había grabado durante los años 30, con un sonido mucho más crudo y auténtico. Básicamente más fiel a la música cubana.

Nacido en Sagua La Grande, Cuba en 1903, en una familia de 15 hermanos, hijos de un emigrante español y una mujer cubana, Antonio desarrolla su pasión por el canto desde joven, aunque su primera intención fue decantarse por la ópera y el belcanto. Empieza a cantar en varios grupos hasta que en 1926 se traslada a la Habana, donde intenta ganarse la vida como cantante, aunque sin mucho éxito, por lo que acaba trabajando de albañil. Pero es su capataz, un sevillano con quien entraba amistad, quien le introduce en el mundo del espectáculo nocturno de la Habana y quien le acaba presentando al guitarrista Miguel Zaballa, con quien une fuerzas formando un dúo. Al poco tiempo conoce casualmente a Don Azpiazu, quien encadilado con su voz, le contrata para su orquesta, con la que empieza a conocer el éxito. En poco tiempo están grabando en New York.

La estatua de Machín en Sevilla

Fue justamente en New York donde al poco tiempo Machín formaba su propio cuarteto junto a tres miembros más de la orquesta de Azpiazu: Remberto Lara (trompeta), Yayito Maldonado (tres) y Daniel Sánchez (guitarra y voz). Casi al mismo tiempo Victor también los graba, y como bien dice Díaz Ayala en su discografía cubana: “Si Azpiazu era un éxito entre los gringos, Machín no lo fue menos entre los hispanoamericanos”. El éxito del cuarteto es muy grande tanto en toda América Latina como en Europa, llevando el nombre de Machín a lo más alto con más de 150 grabaciones entre 1930 y 1935. Siguiendo en cierta manera la estela del Trío Matamoros, ensalzando las melodías vocales y simplificando el ritmo, el Cuarteto Machín fueron uno de los combos cubanos más importantes hasta su separación, que se fragua cuando su líder se lanza en solitario realizando una gira Europea, para luego afincarse en París a partir de 1935 y en España a partir de 1939 (“siempre soñé con la tierra de mi padre”). Es en España donde vive hasta el día de su muerte, el 4 de agosto de 1977. Si bien muere en Madrid sus restos se encuentran en su adorada Sevilla, donde hoy en día se erige una estatua en su honor.

Despidámonos pues, en su honor, con una grabación no de su cuarteto, sino de su Sexteto. Para cuando graba con Brunswick en La Habana en 1930, Machín añade más miembros al grupo -supongo que para imitar el sonido de exitosas bandas como el Sexteto Habanero o el Nacional– en una serie de grabaciones que por lo visto deben ser de las más difíciles de encontrar de entre su discografía. En mi caso dispongo de varios de sus Victor en mi poder pero tan sólo este Brunswick, que para colmo contiene uno de mis temas favoritos de su carrera, el imponente “Reina Guajira” que hoy presentamos. Un tema que, si bien es más un Son que una Guajira propiamente dicha, sirve de homenaje a ese estilo cubano iniciado en el S. XIX. Espero que lo disfruten tanto como yo. Digitalizado de mi colección.

Sexteto Machín “Reina Guajira” Brunswick 41118 La Habana, 18 junio 1930

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